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España, José María

José María España Rodriguez del Villar
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José María España Rodríguez del Villar y Saenz (La Guaira, 28 de febrero de 1761-Caracas, 8 de mayo de 1799). Venezuela.
Jose María España nació en La Guaira en 1761, era el tercer hijo del sargento José de España y Sáenz, y de Anastasia Rodríguez del Villar; al poco tiempo la familia marchó a Bayona, Francia, donde transcurrió su infancia. De adolescente leyó libros de filosofía y política, en inglés y francés.
La presencia de prisioneros franceses en La Guaira influyó en los deseos de José María España y Manuel Gual de implantar una república en Latinoamérica. Sus objetivos eran conseguir: la anulación del poder español, libertad de comercio y producción, la creación de una República con la unión de las provincias de tierra firme de Caracas, Maracaibo, Cumaná y Guayana, y la declaración de los derechos de libertad, propiedad, seguridad e igualdad.
Unos masones españoles recluidos en La Guaira por conspirar en Madrid, hicieron contacto con José María España y sus amigos y los iniciaron en la masonería. Con ayuda de José María y sus compañeros, los españoles lograron huir a la isla francesa de Guadalupe. Allí imprimieron una traducción al castellano de Los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
El complot fue descubierto por el capitán Domingo Antonio Lander y el sacerdote Juan Vicente Echeverría, quienes informaron al capitán general, al arzobispo y a la Real audiencia. Jose María España consiguió escapar a Curazao y luego llegó a la isla de Trinidad, antes de regresar a Venezuela para continuar su causa.
En secreto logró embarcarse a Barcelona, y llegó a La Guaira en los primeros días de 1799. Allí, de noche, disfrazado de carbonero, visitaba a su esposa. Tras salir ésta embarazada, despertó las sospechas de los vecinos y, denunciado bajo torturas por un esclavo, fue apresado el 29 de abril de 1799.
El tribunal que lo juzgó, lo condenó a una muerte que pretendió escarmentar a las fuerzas independentistas. El 8 de mayo de 1799, en la Plaza mayor de Caracas, fue atado a la cola de un caballo y arrastrado hasta el cadalso en que fue ahorcado. El verdugo lo decapitó y descuartizó; y puso su cabeza en aceite hirviente para luego exponerla en una jaula. El resto de sus miembros destrozados se exhibió en los lugares en que solía reunirse con sus compañeros de la Conspiración.